A la hora de crear un vídeo educativo sobre atención sanitaria para pacientes, la pregunta más habitual es: "¿Cómo puedo hacer que sea bueno?".
Pero, ¿y si empezamos por: "¿Qué haría que este vídeo fuera malo?"
Esta es la idea que subyace al pensamiento invertido, una técnica de resolución de problemas utilizada por el inversor Charlie Munger y el matemático Carl Jacobi. En lugar de aspirar directamente a la perfección en la comunicación sanitaria, empezamos por identificar lo que no funciona. Evitar errores evidentes suele ser más fácil -y más práctico- que definir qué es "perfecto".
En los vídeos educativos para pacientes, este enfoque ayuda a detectar lo que puede confundir, aburrir o alienar al espectador. Un vídeo mal diseñado puede tener explicaciones apresuradas, mal sonido, guiones desorganizados o imágenes abrumadoras. Al reconocer estos problemas, creamos una lista clara de lo que no hay que hacer, lo que, a su vez, nos ayuda a producir contenidos sanitarios claros, atractivos y eficaces.
Este método es especialmente útil para los principiantes en la producción de vídeos sanitarios, ya que reduce la presión de "hacerlo todo bien" desde el principio. Evitar errores básicos ya mejora notablemente la calidad general.
He aquí algunos errores clásicos en la producción de vídeos médicos que pueden hacer que su contenido resulte confuso o ineficaz:
1. Hacer tus vídeos demasiado largos
Los vídeos largos suelen resultar agotadores, incluso con un buen contenido. No se puede dar por sentado que el paciente se quedará sólo porque necesita la información. Las notificaciones de la competencia y las redes sociales están a un toque de distancia.
📌 Mejor enfoque: Divide el contenido en vídeos cortos y centrados que respeten la capacidad de atención del espectador.
2. Uso excesivo de elementos visuales llamativos
Las transiciones que distraen, los sonidos fuertes, las animaciones innecesarias y los fondos desordenados pueden perjudicar más que ayudar, sobre todo cuando se trata de información sanitaria delicada.
📌 Mejor enfoque: Mantén los elementos visuales sencillos y de apoyo. Deja que el mensaje principal destaque sin distracciones.
3. Hablar demasiado rápido (o demasiado lento)
Un discurso rápido dificulta el seguimiento. Un ritmo lento puede aburrir al espectador. Lo mismo ocurre con las transiciones de imágenes.
📌 Mejor enfoque: Mantener un ritmo constante y equilibrado que favorezca la comprensión.
4. Utilizar fuentes pequeñas o ilegibles
Si el texto es difícil de leer -especialmente en un smartphone-, los pacientes podrían desistir.
📌 Mejor enfoque: Diseña pensando en los móviles. Usa fuentes claras, fuertes contrastes y un diseño cuidado.
5. Omitir la introducción y el contexto
Empezar sin explicar el tema puede dejar a los pacientes confusos. Su primera pregunta es: "¿Qué voy a aprender? ¿Merece la pena dedicarle tiempo?
📌 Mejor enfoque: Introduce brevemente el tema y aclara el valor para el espectador.
6. Utilizar demasiado texto y pocos elementos visuales
Si todo está escrito, nada destaca. Se convierte en un monólogo plano.
📌 Mejor enfoque: Resaltar las palabras clave y mostrar en lugar de solo contar, siempre que sea posible.
7. Entregar el contenido como un gran trozo
¿Sin pausas ni secciones claras? Es una vía rápida hacia la fatiga del espectador.
Un enfoque mejor: Piensa en tu vídeo como en un libro: con capítulos, secciones y respiro.
Ejemplo de la vida real: Cómo es un vídeo sobre salud bien diseñado
¿Quiere ver estos principios en acción?
Echa un vistazo este vídeo de Precare sobre ginecología quirúrgica
Es un magnífico ejemplo de cómo unas explicaciones claras, un ritmo bien pensado y unas imágenes nítidas pueden convertir un procedimiento médico complejo en algo que los pacientes entiendan realmente y en lo que se sientan seguros.
Esto es lo que ocurre cuando no caes en las trampas comunes que hemos enumerado antes.

