La diabetes es un importante problema sanitario mundial, que afectaba a más de 537 millones de personas en 2021, y se prevé que la cifra aumente significativamente de aquí a 2050 (1,2). El tratamiento de la diabetes exige una atención continuada, lo que sobrecarga los sistemas sanitarios y aumenta los costes, al tiempo que a menudo no se presta el apoyo adecuado al paciente.
La comunicación eficaz entre el paciente y el profesional sanitario es crucial, sobre todo para los pacientes con diabetes tipo 2 que se enfrentan a retos cotidianos y trastornos emocionales (3). Una orientación clara y un apoyo sostenido son esenciales para un autocuidado adecuado.
La adherencia al tratamiento se ve influida por factores como la depresión, las terapias complejas y el acceso limitado a la atención sanitaria (4). El tratamiento de la diabetes va más allá del control de la glucemia y exige vigilar complicaciones como problemas de visión y renales, sobre todo en pacientes con múltiples enfermedades crónicas.
Los modelos asistenciales tradicionales suelen dar prioridad a la enfermedad sobre el paciente, basándose en consultas breves y basadas en el miedo (por ejemplo, "La diabetes no controlada puede causar un ictus"). Esto deja a los pacientes sin apoyo entre las visitas, retrasando los ajustes críticos (medicación, derivaciones) y empeorando los resultados.
Las herramientas de salud digital abordan estas carencias con apoyo continuo y educación personalizada (4,5). Después de la COVID-19, la adopción ha aumentado, con innovaciones como la telemedicina, la monitorización de la glucosa basada en IA y el análisis predictivo que permiten una atención proactiva. Estas herramientas mejoran el acceso, la participación y la coordinación, al tiempo que reducen las urgencias (4,5).
Se ha demostrado que las herramientas digitales de autogestión, como las apps y la mensajería automatizada, mejoran la adherencia a la medicación y fomentan el control regular de la glucemia (4). Las interacciones a distancia con los equipos sanitarios benefician tanto a los pacientes como a los servicios al permitir acciones como compartir fotos de úlceras del pie diabético, enviar datos continuos de glucosa, solicitar aclaraciones, renovar recetas, asistir a visitas virtuales y acceder a recursos asistenciales y comunitarios personalizados (4).
Los estudios demuestran que la mayoría de los pacientes con diabetes aceptan de buen grado la tecnología para su cuidado, incluidos los recordatorios de medicación, la programación de citas y las alertas de texto (6), lo que subraya su potencial en la gestión.
Más allá de los beneficios para el paciente, las soluciones digitales bien diseñadas pueden ayudar a aligerar la carga de trabajo de los profesionales sanitarios y favorecer la calidad asistencial. Al agilizar las tareas y permitir una gestión proactiva, estas herramientas pueden aliviar algunas cargas, aunque deben integrarse cuidadosamente para evitar añadir nuevas presiones.
Para garantizar que estos beneficios sean sostenibles y lleguen a quienes más los necesitan, las soluciones digitales también deben ser rentables (5). A pesar de la creciente disponibilidad, sigue habiendo problemas, como el acceso limitado a Internet en algunas regiones y la menor alfabetización digital entre los adultos mayores. La formación y el apoyo personalizados son esenciales para garantizar un uso equitativo.
Las herramientas sanitarias digitales son una parte valiosa del avance de la atención diabética y deben complementar, no sustituir, a los servicios sanitarios tradicionales (3). El uso eficaz de la tecnología puede implicar a los pacientes, mejorar su calidad de vida y ayudar a los profesionales y sistemas sanitarios a hacer frente a esta epidemia mundial.


